El gordo de la Navidad junto a tí.


Estaba seguro que este año le tocaría. Era una premonición o el sueño al que se agarraba como la última de las posibilidades para poder aliviar una situación económica maltrecha. Juan no sabía como había llegado a tener la cuenta tan cerquita al "cero", pero quizás no había medido bien los gastos en estos últimos años. Su mujer Andrea le echaba mucho la culpa al euro y él se resignaba a escuchar otro sermón de su hermana que le insistía en dejar de gastar tanto en tantas cosas absurdas. Tenía la sensación que todo el mundo pasaba por una situación parecida ultimamente y ya había empezado a reducir los gastos, al menos en su mente. Otra cosa era la realidad....

Este era el año. El número era el 35.568. Se lo había aprendido de memoria antes de que empezara el día, al dejár los 3 décimos en casa, en el joyero de Andrea, no fuera a ser que lo perdiera. Siempre había soñado con la estupidez de salir en la televisión con una botella de cava mientras daba saltos de alegría por haberle tocado el gordo. Como decía Andrea, siempre estaba con la misma gaita, pues el único gordo es el que le había tocado a ella. O sea, él.

A media mañana ya habían salido todos los grandes premios. Salía de una reunión de la empresa. Las cosas no iban muy allá. Era probable que fueran a embargarles si en unos días no formalizarán un acuerdo con la compañía suministradora. Las cosas en la construcción no iban muy bien y quizás habría que tomar medidas más importantes. Juan se planteaba ya desde hace tiempo dejar su participación en la empresa y dedicarse a otra cosa. Sufría por la hipoteca que aún debía y que afortunadamente ahora estaba sólo a nombre de Andrea. El acuerdo matrimonial de separación de bienes era una ventaja sin niguna duda. Nadie podría tocar ni el chalet, ni el apartamento de Fuengirola. Respiraba, ya llegarían mejores tiempos, concluyó.

Rosalía le estaba cantando los números de la lotería cuando creyó oir el número mágico. Las cifras que retenía aún en la memoria. "Perdona, Rosalía, ¿qué número es el gordo?" le inquirió. "¿qué número has dicho?", repitió dando un grito que sobresaltó a la pobre Rosalía. " "el 35.568, tres-cinco-cinco-seis-ocho". Juan ya no escuchaba nada más. Su corazón latía a mil. Su alegría, inmensa, pero contenida. No acababa de creérselo. Se encerró en su despacho. Quería compartirlo con Andrea, darle la buena noticia. Siempre habia pensado cómo sería este momento....un momento dulce.

Andrea no cogía el teléfono de casa. Ni el móvil. Quizás lo hubiera dejado en casa. Tenía previsto salir y era muy típico de ella dejarlo todo olvidado. Corriendo, dejó la oficina dando gritos: "¡¡¡el gordo, el gordo, me ha tocado el gordo!!!!". Todos estaban exaltados, excepto Rosalía que opinaba que los tontos siempre tenían suerte. No le faltaba razón.

Juan entró corriendo en casa. No había nadie. Subió las escaleras de dos en dos hasta la habitación donde abrió con cuidado el joyero de Andrea. Allí iba a aparecer el trocito de papel más maravilloso del mundo. Por fín, la suerte les había sonreído. De repente, le cambió la expresión del rostro. No había nada. Ni billete, ni joyas. Absolutamente nada. Su corazón quedó helado. Empezó a sentir fuertes dolores en el pecho. Miró a su alrededor y corrió hacia el vestidor. De repente, su mirada quedó perdida, derrotada. Toda la ropa de Andrea había desaparecido, y sus maletas no estaban. "¿Donde estás, donde te has ido?" gritaba. Recordaba la mirada de ella. Es verdad que se habían distanciado, pero nunca esperó eso de ella.....

Andrea le había dejado, y se había ido con otro gordo. Eso sí, éste mucho más apetecible que él.

Moraleja: Sepárate de quien quieras, pero nunca de tu décimo de loteria...

Nota: Esta historia no es real, ni basada en algo leído. Es simplemente fruto de mi imaginación. Que el próximo sorteo os deje algún premio.


5 Comentarios:

Enrique dijo...

Si es que las mujeres.....

Por cierto, tendrás comprado un décimo de ese número, ¿no?

Dioni F. Nespral dijo...

Es una historia escrita con maldad, lo reconozco, pero no viene mal una al año....

A la loteria no juego. mi mujer compra algún décimo, y espero que lo comparta conmigo ;))

Respecto al número, pues es el que tengo asignado en el concurso de territorio creativo.....

Si toca este, pues que le vamos a hacer....

Senior Manager: dijo...

La lotería la compro en compañía de mí mujer, pero los números los guardo yo en un lugar secreto.

Suerte...!

Dioni F. Nespral dijo...

Es una prueba para ver si funcionan los comentarios

Anónimo dijo...

Qué casualidad... Yo oí una historia similar una vez, pero fue el gordo del marido el que se largó con el décimo de la pobre mujer... Será porque en esa ocasión la historia la contaba una mujer ????.

No se si la mujer de Senior Manager sabe que él está guardando los décimos en sitio secreto, pero si no lo sabe, convendría soplárselo, no?

En fin, he disfrutado con la historia... Espero poder disfrutar un poco más el día 22!

Besos

P.S - Este comentario se me había quedado bloqueado... lo mando no obstante, aunque lamentablemente el día 22 no conseguí ni un euro en la lotería, así que no me pude escapar y por aquí sigo...